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 Liz Sarayda Ramírez Quispe creció entre cafetales e historias que se contaban sobre el oso de anteojos que habitaba en las montañas de Huanta, región Ayacucho. A corta edad ayudaba a su padre a cultivar y cosechar café junto a otros agricultores del anexo Nuevo Progreso, del distrito ayacuchano de Sivia, y fue testigo de que el pago que recibían no compensaba el trabajo. Hoy, gracias a su pasión por los estudios, Liz está transformando la historia de su comunidad.

Desde el colegio, Liz destacó en los estudios. El conocimiento empírico que adquirió a temprana edad sobre el café la convirtió en una apasionada por el cultivo de ese exquisito grano, lo que la llevó también a estudiar Agronomía en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga y a ganar la Beca Continuidad de Estudios del Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) del Ministerio de Educación.

A sus 22 años está por concluir sus estudios superiores y lidera un proyecto que emprendió el 2016 que está cambiando la vida de los agricultores de la zona.

 

“El primer paso que dimos la comunidad de agricultores de café de Nuevo Progreso fue asociarnos para aumentar la producción y darle un valor agregado a nuestro cultivo. Es decir, para no venderlo en grano, sino procesarlo y transformarlo, antes de salir al mercado”

En cinco años, la producción de café de la comunidad agrícola Nuevo Progreso, conformada por unos 23 agricultores, pasó de 11,000 a 23,000 quintales anuales (creció 109 %).

Del total de la producción, el 60 % se comercializa como producto transformado, café tostado molido, listo para ser comprado por el consumidor final, con la marca Café Ukumari (palabra quechua con la que se conoce al oso de anteojos).

Café Ukumari es un café especial, que llega a 90 puntos en taza (una medida dada por expertos que determina la calidad e intensidad del producto y que va de 60 a 100).

Además de café, los agricultores de Nuevo Progreso están produciendo y comercializando pasta de cacao, chocolate y hasta un delicioso cóctel como se puede apreciar en su Facebook.

Un nuevo despertar con café

“La vida del campo no es fácil”, recuerda Liz Sarayda que le dice su papá, mientras hace pasar el café gota a gota en una cafetera y ella piensa en todo el proceso para obtener ese aroma de la mañana. “Queremos que las personas que lo consuman reconozcan el esfuerzo del agricultor”, enfatizó.

“Mi papá se queda trabajando solo en la selva”, para que ella y sus cuatro hermanos puedan estudiar, contó. La pandemia hizo que volvieran a casa y así se desarrolló más el proyecto. Siempre con una taza de café, que sale de un grano molido que conservan en pomos de vidrio y en pequeñas cantidades porque como explicó Liz mientras más fresco mejor “para sentir el aroma”.

El cambio en Nuevo Progreso se nota no solo en el aumento y mejora de la producción, sino también en los mismos agricultores que ahora están más contentos.

“Antes compraban café instantáneo, ahora están consumiendo lo mismo que producen, llegan a valorar más su trabajo”, dijo orgullosa la becaria, quien ha puesto en práctica los conocimientos adquiridos en las aulas en beneficio de su comunidad.

Café Ukumari se ha presentado en ferias y competencias nacionales, donde ha destacado por su calidad y es su próxima meta llegar a ser uno de los mejores cafés del país y ganar así la Taza de Excelencia Perú.

“El café es especial cuando estoy con mi papá y con la familia”, aseguró Liz y es con ese mismo afecto y cuidado que siguen cultivando y, ahora, también, transformando cada grano que llegará a la mesa familiar, donde otras historias de vida se sentirán muy bien acompañadas.