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En la comunidad nativa Parinari en Loreto, un grupo de tres hermanos pasaron de derribar palmeras de aguaje a fomentar la conservación de los bosques con un método innovador. Años después, los resultados saltan a la vista: los frutos abundan y las especies animales regresan.

Qué tontos que somos. Estamos cargando (los productos) desde tan lejos, estamos de hambre, estamos de sed, ya se nos terminó toda el agua y tenemos este recurso desde la orilla de la quebrada”, fue lo que les dijo Heráclides a sus dos hermanos. Todos ellos, pertenecientes a la comunidad nativa Parinari en Loreto, solían introducirse dentro del bosque de la Reserva Nacional Pacaya Samiria para derribar palmeras y obtener los frutos del aguaje.

El proceso, además de invasivo con la naturaleza, no era nada fácil. Podían caminar hasta dos horas dentro del bosque fangoso y cuando volvían con carga la tarea se dificultaba más.

Entonces, un día surgió la idea de cambiar el método por uno más práctico, que también terminaba con la depredación que practicaban. “Teníamos ganas de cosechar, de escalar y subir en las palmeras de los aguajes”. Así empezó el emprendimiento de Heráclides Flores y sus hermanos, ahora denominado Asociación de Bosques Naturales Esperanza.

Pero subir por una palmera era un sueño. Con una altura de entre 20 a 40 metros, la tarea de diseñar un equipo escalador requirió de alrededor de tres años de ingenio, y disputas con la comunidad.

Nos sentamos un 20 de enero de 1997 a redactar un documento de lo que podíamos hacer en esa área. Pero fue la peor cosa que hemos podido decidir porque la comunidad no nos recibió con agrado. ¿Cómo va a ser posible subir si nadie lo hizo? Tenían razón por una parte”, relata Flores.

Así, mientras la comunidad los denunciaba ante las distintas autoridades con el objetivo de desalojarlos por “causar desorden y desafiar costumbres”, los hermanos intentaban descifrar la fórmula para escalar las palmeras.

Un 23 de septiembre de 1999 fue un tiempo histórico para nosotros. A pesar de la tormenta logramos subir. Fue mi hermano Emilton quien escaló el primer árbol y tocó con la mano los frutos, que era nuestro mayor anhelo, y realmente ahí empezó a cambiar nuestra credibilidad frente a la comunidad, pero no en su totalidad”, indica Flores.

En ese entonces, el equipo escalador denominado “SUPER I” solo funcionaba para Emilton, por lo cual, tras llegar a un acuerdo, Heráclides lo modificó y logró una versión manejable para todos: “SUPER II”.

Este equipo lo pueden manejar desde los 8 años pero no pueden hacer cosecha. Desde los 12 años ya hacen cosecha. Las mujeres, igual. Mi hermana estaba a meses de dar a luz pero también subió y cosechó. Estábamos orgullosos de todo eso”, cuenta Flores. En la actualidad ya están a poco de lograr las 3 mil unidades vendidas del escalador, dejando atrás la costumbre de derribar las palmeras y sin ningún reporte de accidentes.

Un método para conservar la vida en los bosques amazónicos

Poco a poco, los hermanos Flores comenzaron a ganarse la confianza de la comunidad con su método que aprovechaba al máximo los frutos del aguaje. Así, llegaron a un acuerdo con distintas entidades. Fueron contactados y llamados a ser los promotores locales de esta técnica: difundían, capacitaban y vendían los escaladores.

Las instituciones nos empezaron a visitar, vinieron de Lima. Y no solamente nacionales, vinieron del extranjero, de muchos países. Incluso el SUPER II está en la Universidad de Brasil, está en la Universidad de Georgia en Estados Unidos. Lo llevaron para muestra. Nos han felicitado tantas veces y estamos agradecidos”, señala Flores.

Debido a este cambio la vida en el aguajal ha empezado a mejorar muy rápido. Si bien -al no destruir las palmeras- ya se aprovecha la regeneración natural de los frutos, el emprendimiento se ha propuesto no cosecharlo todo. De esta forma, se deja una parte para la comida de animales como las aves y los monos. Y, ahora, las distintas especies han vuelto a dejarse ver, cosa que ya no ocurría, explica Flores.

Yo no pensaba conocer el maquisapa de frente amarilla. Es muy difícil. Nosotros solamente mirábamos las pisadas de las sachavacas, los monos y guacamayos, ya no se veían porque no tenían donde anidar más que todo por la pisada del hombre, la bulla. Antes entrábamos de 25 a 30 hombres diariamente al aguajal y cuando hallábamos los manchales de aguajes hacíamos una cruzadera de árboles. ¿Y qué animales y qué recursos íbamos a tener pues?

Los derivados del aguaje y la búsqueda de mercado

Proyectándose al futuro, los creadores de la asociación consideran que lograr la conservación de la Amazonía es una tarea que requiere de menos egoísmo y denuncian que en otros lugares han venido copiando sus escaladores sin autorización. “No lo van a hacer como nosotros”, indica Heráclides Flores, ahora secretario del emprendimiento.

Por otro lado, una tarea que se han propuesto es la creación de una planta y la diversificación de productos. La asociación produce aceite de aguaje 100% natural, sin embargo, esperan hacer jabones, perfumes, entre otros productos derivados.

Por último, Heráclides afirma que quieren darse a conocer en más lugares puesto que están en capacidad de producir 20 toneladas de aceite de aguaje para la venta. Por ahora, no lo vienen haciendo mal. “Gracias a Dios hemos podido entrar al mercado internacional por intermediarios. Llegamos a Francia, a Canadá, a Inglaterra, estamos próximos a llegar a Japón y a Estados Unidos, y así sucesivamente. Que sea efectivo. Eso es lo que esperamos”, concluye.